domingo, 5 de mayo de 2013

Día Internacional de los trabajadores


Cuando compramos cosas no nos damos cuenta de todo el trabajo que esas cosas tienen detrás. Un simple objeto puede pasar por un montón de procesos y de manos antes de llegar a nuestro consumo. Pero esto no es una historia de las cosas sino del trabajo que hay detrás de ellas. El primero de mayo se festeja el día internacional de los trabajadores. Y mi pregunta es: ¿Alguna vez se pusieron a pensar que todas las cosas que utilizamos, desde un lápiz hasta una compleja computadora, tienen un proceso de producción? No sólo eso. Esas personas que están ocultas a nuestras miradas también tienen derechos.
Sin embargo, hoy en día, en muchos países no se cumplen. En China o en India, por ejemplo, vemos que muchas fábricas aún hoy contratan menores de edad para utilizarlos como mano de obra barata. Son los nuevos esclavos del siglo XXI: construyen esas radios, juguetes a pilas, ropa que vemos en oferta en cualquier local de chucherías.
En el siglo XIX, 500.000 empleados de todas las fábricas de Chicago (Estados Unidos) fueron masacrados por reclamar una jornada laboral de 8 horas. Ellos trabajaban 18 horas al día… ¿Saben lo que es trabajar 18 horas al día? Le restaban sólo 6 horas para dormir. Muchos vivían dentro de las fábricas con sus familias, amontonados y ni siquiera tenían un médico que los cuidara de todas las enfermedades que ahí contraían. Debido a esa masacre se celebra el día internacional de los trabajadores.
El valor del trabajo, no sólo como mano de obra en las planillas de contaduría, sino como un ser humano que vive, siente y tiene necesidades individuales debe ser revalorizado en el mundo. Hoy vemos por televisión que Europa está pasando una de las crisis más graves desde el crack financiero de 1930. España, por ejemplo, tiene a un cuarto de su población sin trabajo. En Grecia casi el setenta por ciento de la juventud no estudia, porque allá estudiar no es gratuito, ni tiene trabajo para pagarse los estudios.
Frente a esta situación: ¿Qué hacemos nosotros? ¿Cómo nos paramos para transformar esta realidad que nos acecha? ¿Acaso ganaron algo los trabajadores en cuanto a que se valore su humanidad o se sigue valorando cada vez más a los objetos pero menos a los que hacen esos objetos?
Una nueva forma de pensar tiene que nacer de nosotros, una nueva forma de consumir, pensando en el medio ambiente y en el hábitat humano. Seguir una vocación, ser fiel a lo que uno cree es necesario para que nuestro ámbito de estudio, de trabajo y de recreación sean ámbitos dignos de ser vividos. Y es que de eso se trata, de la dignidad que le da a un ser humano un trabajo donde se lo respete, donde pueda crecer, donde pueda cumplir sus expectativas personales.
El trabajo debe ser, también, revalorizado en su integridad. Como parte de un engranaje social más amplio ¿O acaso las zapatillas que llevan puestas no fueron confeccionadas por alguien? ¿Y si esa persona no trabajaba? ¿Quién las hacía?
Entre los electrodomésticos y los celulares de nueva generación nos olvidamos del trabajo que lleva el sembrar una simple planta de tomates y esperar, ansiosos, a que crezca. Todo el proceso lento que es el proceso de la siembra, el cuidado y la cosecha. Valorar a los trabajadores es también valorar a todos aquellos que ponen su saber día a día en el aula y que de a poco van sembrando dudas, curiosidades en los alumnos para transformarlas en nuevos saberes o, mejor aún, en dudas más complejas.

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